miércoles, 21 de febrero de 2007

La tradición científica latinoamericana

La revista interuniversitaria de Historia de la Educación ha publicado en su número 24 de 2005 el que quizá sea el último reportaje en vida realizado a Gregorio Weinbeg realizado por el Dr. Miguel Somoza Rodríguez (Universidad Nacional de Educación a Distancia).
Reproducimos el tramo final de dicha entrevista:

"P: En los últimos años su principal campo de investigación se deslizó desde la Historia de la Educación a la Historia del Pensamiento Científico y en particular a la Historia de la Ciencia en América Latina ¿Qué distingue a la tradición científica latinoamericana de las tradiciones científicas europeas?

R: Mi consulta permanente de los textos de historias nacionales y latinoamericanas, y más en especial de las historias de la cultura (además del hecho de integrar la Comisión del Comité Científico Internacional para la redacción de una Historia General de América Latina, patrocinada por la UNESCO) me han demostrado la desatención o ausencia casi total de referencias al trema educativo y con menor presencia aún al científico-tecnológico.

Dada la creciente importancia que posee en el mundo contemporáneo este segundo tema me pareció conveniente contribuir a darle el relieve que merece, añadiéndole la dimensión histórica y, más concretamente, referirlo a la tradición científica. Mi propósito reviste una intención que excede la académica, para otorgarle un alcance político-cultural, en el sentido de mostrar que en América Latina se hizo ciencia, y a veces “ciencia de punta”, desde el siglo XVI. Los ejemplos abundan; así el proceso de reconstrucción de la ciudad de México pasados los años de la conquista fue quizás la obra de ingeniería más impresionante del Renacimiento; y resultado de una “ciencia mestiza”, si se me permite esta denominación, pues fue realizada a base de los conocimientos de los pobladores autóctonos y la ciencia española. Recordemos además que los dos primeros elementos químicos descubiertos en el Nuevo Mundo fueron el vanadio por parte de Manuel del Río y el platino por Antonio de Ulloa. ¡Y qué decir de las técnicas y procedimientos aplicados a la minería y la metalurgia que Humboldt reconoció como las más avanzadas del mundo! Algo semejante ocurre en otros sectores vinculados a la cultura y a la educación. Así cabe recordar que la imprenta llegó antes a México que a los Estados Unidos; el primer libro impreso en la Nueva España es de 1539; el primero impreso en Cambridge es de 1638.

La Universidad se establece en México y en Lima en 1551 (se discute la de Santo Domingo que habría sido creada en 1538). La de Harvard es de 1636.

El primer libro de medicina escrito por un mexicano e impreso en la Nueva España es de 1579: Tratado breve de medicina, de García Farfan, muy anterior a las publicaciones del mismo género en el ámbito de la lengua inglesa.

En síntesis, pretendemos demostrar la existencia de una fecunda y avanzada tradición, la que suele coincidir con los esfuerzos por incorporar las ideas más destacadas de cada momento y los intentos de emancipación mental y política. Sus periódicos retrocesos coinciden con la existencia de regímenes dependientes y autoritarios.

Para nosotros esa tradición científica latinoamericana puede reconstruirse a través de las aportaciones, ideas e influencias de los grandes naturalistas y geógrafos, los viajeros y los médicos, las expediciones científicas, el papel de los observatorios, museos, laboratorios y publicaciones, del “prestigio social” que tuvo en cada etapa, sus vínculos con los sectores productivos, y el valor económico y social que en cada momento se le atribuyó, etc. Y por supuesto que dicha tradición se fue enriqueciendo durante los siglos XIX y XX.

Por otro lado intentamos señalar a las nuevas generaciones el desacierto de creer que siempre estuvimos rezagados y que no es posible entre nosotros, o es muy difícil hacer “ciencia de punta”. La tradición permite advertir que el problema consiste más bien en desentrañar cuáles son las causas que impiden o dificultan sus desarrollo creador y enfrentarlas. Debemos superar los vicios que denunció en su momento Leonardo Torres Quevedo cuando establecía: “Creyeron muchas gentes que para ser hombres de ciencia bastaba conocer las producciones y los trabajos de los hombres de ciencia extranjeros”.

Pretendemos responder a la actitud, por momentos escéptica, de quienes descreen de las posibilidades de trabajar en sus países y aspiran a emigrar."

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