miércoles, 4 de abril de 2007

Bicentenario: primeras noticias en la prensa española



Mil días para 2010
M. Á. BASTENIER 04/04/2007

Sólo faltan mil días para el 1 de enero de 2010. El periodo que media entre esta fecha y el 31 de diciembre del año siguiente, 2011, puede ser crucial para la política exterior de este país, porque en esos 730 días, con variaciones menores en el calendario, la América Latina de habla hispana conmemorará con pífanos y tambores el bicentenario de la independencia. Y España, con estos pelos.



El Gobierno y la opinión española ya tuvieron una primera experiencia conmemorativa en el quinto centenario del Descubrimiento / Encuentro / Lo-que-sea en 1992, que, al menos, sirvió para que se enteraran los enamorados de los fastos patrios de que no todo el monte era orégano, y que no todas las voces que se alzaban en Iberoamérica lo hacían para celebrar el desembarco de los conquistadores. Y, de entonces acá, el panorama ha cambiado considerablemente, algunos dirían que para mal y otros, simplemente, a favor de la realidad. Ha cambiado porque en Venezuela gobierna un Hugo Chávez que el 12 de octubre de 2002 dijo que la conquista y colonización habían sido un crimen peor que el Holocausto nazi; Bolivia está presidida por un indígena sin especial ternura hacia España; el viento del cambio etnicista sopla en las cumbres de los Andes; y esas conmemoraciones se harán en gran medida en clave de las masas indígenas, tanto si éstas gobiernan como si no.
¿Qué tiene que hacer el Estado español ante las celebraciones? Muchísimo más que comprenderlas, mandar telegramas de adhesión, o casi ignorarlas basándose en que esto es Europa y lo que preocupa son los estatutos, el crecimiento del PIB o lo próximo que diga o haga ETA. No está claro que los gobernantes españoles, y, menos aún, la oposición que organiza manifestaciones ante las embajadas españolas, se percaten del daño que hace a la imagen exterior de España en América Latina, el espectáculo que la clase política está dando con motivo de la reyerta antiterrorista; y, aún peor, cómo se ve y no se entiende la pugna de Esquerra en Catalunya por inventarse Juegos para naciones sin Estado, referendos de autodeterminación, así como en el País Vasco, el Estado-asociación del plan Ibarretxe. Pero veremos como -especialmente el PNV que entiende mucho de América Latina- los partidos nacionalistas periféricos sabrán asociarse a lo que, cáusticamente, celebrarán como liberación del yugo de las Españas.


El Estado español tiene que integrarse plenamente en esas festividades, participar en ellas como el primero, exaltar la memoria de Simón Bolívar y José de San Martín -que peleó en Bailén-, que no eran sino españoles de América. En esa Guerra Civil entre españoles ganaron los que tenían que ganar, y así hay que conmemorarlo con el mayor entusiasmo; pero sin olvidar al cura Hidalgo y a todos los de otro color -pocos fuera de México- que participaron en la lucha por la emancipación. Y, precisamente, porque fueron pocos se cantarán sus gestas, como se ha venido haciendo de las independencias para acá, con el objeto de correr un tupido velo sobre la evidencia de que la libertad conquistada fue sólo para los criollos españoles.


Y para estar como es debido donde es debido, lo que urge es empezar a trabajar ya. La secretaría general de las cumbres iberoamericanas, que dirige Enrique Iglesias, entiende perfectamente la trascendencia de esas fechas y está dispuesta a entregarse a la tarea. Y otro tanto cabe decir de la secretaría de Estado para América Latina que desempeña Trinidad Jiménez. Pero hace falta que la totalidad de la maquinaria del poder sea consciente de ello, y que el PP y el PSOE se tranquilicen para demostrar que conservan algún sentido de la nación y de su historia.


Cualquier español, incluso aquellos que en su pleno derecho opinan que no lo son, lo tienen todo que ver con América Latina; tanto con lo que ha sido desde la independencia, como con aquello en lo que se está convirtiendo en estos últimos años. Y la celebración de esa novísima América Latina en construcción es la que más hay que tener presente, porque es ante la que habrá que disculparse un día por muchas de las cosas que durante la colonia pasaron. Pero, de momento, bastaría que España se adhiriera sin ninguna reticencia a lo todavía existente; a conmemorar junto a cada uno, lo que cada uno conmemore.


Artículo publicado en El País 04-04-2007 --

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