lunes, 11 de agosto de 2008

Debates acerca del Bicentenario y el objeto de estudio de la Historia Social de la Educación

Ilustración:
Evo Morales en su discurso en el Palacio del Quemado por el Día de la Independencia
Página 12, 8 de agosto de 2008

En los últimos mensajes publicados en la lista Histeducal que fundamentaron diferentes posturas acerca del tema del objeto de estudio de Historia de la Educación (muy escasos a mi juicio si se compara con el número de integrantes de la lista que declara yahoo) quedó instalada la posibilidad de un debate, sin personalizaciones, sobre las cuestiones implicadas: varias, diversas e irreductibles a encuestas que esconden la complejidad.
En esa dirección propongo reabrir la discusión con algunos aportes e interrogantes para continuar una discusión acerca de las posibilidades teóricas y metodológicas de la apertura del objeto, tan sólo a modo de una enumeración de algunos sintéticos ejemplos, a saber:

1) En un sentido amplio el Camino de Santiago de Compostela fue efectivamente un espacio de transmisión y circulación de saberes letrados medievales. ¿Cómo no suponer que en su recorrido fuera comentado Abelardo y sometido a un sic et non en el espacio de las posadas, ermitas, fondas, etc. de la época? ¿Cómo no suponer la búsqueda del corpus aristotélico (no sólo el Tratado de la Risa) por parte de monjes ávidos anoticiados del accionar de la escuela de traductores de Toledo del Aristóteles recibido por vía del Islam?
2) Un estudio en profundidad de dichas manifestaciones de sincretismo lindante con la herejía en la Europa Occidental, ¿cuánto podrían aportar por ejemplo, al fenómeno de la celebración de San Cayetano el 7 de agosto en Buenos Aires, patrono del trabajo que reúne, durante varios días anteriores al desfile frente a la imagen en el templo que lleva su nombre en el barrio de Liniers, a fieles suplicantes por trabajo o agradecidos por haberlo conseguido, mientras comparten e intercambian cultos populares por el “Gauchito Gil” o cantantes muertos en trágicos accidentes que son sacralizados como Gilda o Rodrigo, lejos de la mirada (o con una discreta complicidad de la ortodoxia católica) que facilitan las vidrieras de los negocios de santerías de los alrededores del templo atiborradas de imágenes de cultos afroamericanos que ingresan vía Brasil como Umbanda o Macumba, Camdomblé o Batuque?
3) Si se aceptan estos interrogantes acerca de espacios y actividades “pedagógicas” no encerradas en los claustros, ni en las estanterías burocráticas de las inspecciones del distrito escolar, ni en las comisiones de evaluación de proyectos de investigación universitarias ¿cómo no reconocer los esfuerzos de Moysés Kuhlman Júnior en el análisis de lo que denomina acertadamente “As grandes Festas Didáticas. A Educaçâo Brasileira es as Exposições Internacionais, Universidade de São Francisco, CDAPH, 2001; o el acertado paralelo sobre México en la Exposición Universal de Paris de 1889 de Lucía Martínez Moctezuma en GUEREÑA, J. L.; OSSENBACH, G. y del POZO, Mª del Mar (dirs.): Manuales escolares en España, Portugal y América Latina (siglos XIX y XX), Madrid, UNED (Serie "Proyecto MANES"), 2005?
4) ¿Y por qué no agregar "Multidões em Cena" de María Helena Capelato, San Pablo, Papirus, Fapesp? Enfoques similares realizó el equipo de Historia Social de la Educación, en CUCUZZA, Rubén (dir) (1997) Estudios de Historia de la Educación durante el primer peronismo (1943-1955), Buenos Aires, Editorial Los Libros de Riel; procurando analizar los modos accionales (mal denominados no-escolares, no-formales, etc. desde la mirada escolarizante) del primer peronismo (actos multitudinarios, afiches, creación de símbolos propios, campeonatos futbolísticos, etc.); paralelos o con algún grado de interacción con el aparato escolar.
Basten estos mínimos ejemplos para abrir la discusión esperando el aporte de otros fenómenos de transmisión de saberes que no transcurren bajo el modelo del aula occidental decimonónica erigida como el único modo legítimo de transmisión de los saberes legítimos.
Desde ese lugar procuramos introducirnos en los temas del centenario y del bicentenario, no tanto desde una actitud celebratoria autocomplaciente encerrada en los fastos nacionales, sino desde la mirada crítica que nos lleva, por ejemplo, a realizar una lectura de la imagen de un representante de los pueblos originarios que obtiene la ratificación holgada de su mandato pero que no habla desde un balcón que preside la imagen de Tupac Amarú en el Día de la Independencia de Bolivia, sino flanqueado por las imágenes de los dirigentes de la aristocracia blanca que encabezó las luchas independentistas.
Y entiéndase: no estamos llevando aquí una crítica política a Evo Morales por el que nos mueve un profundo afecto y respeto solidarios, sino un análisis de las imágenes en la línea de lo que viene llámandose historia reciente, historia actual, historia presente, etc.
Hasta aquí tan sólo debería bastar para justificar el tema como objeto de estudio de una Historia Social de la Educación pero conviene agregar que estos estudios son simplemente el contexto de los hechos y sucesos del Centenario y del Bicentenario con el que se abordará luego la doctrina, la liturgia y los ejercicios espirituales escolares: TEXTOS, EFEMÉRIDES Y CUADERNOS DE CLASE.
En resumen, como historiadores de la educación, si planteáramos su objeto de estudio reducido a la historia de la escolarización de la cultura a partir de la invención de la escritura y globalizada desde el Siglo XV por la expansión mercantil euro-occidental, tan sólo realizaríamos una historia de la educación de las elites, urbanas y masculinas.
Y ello no sería científico ni ético. Y en tal sentido, mucho menos académico.
Cordialmente y a la espera de respuestas.
Rubén Cucuzza
Luján, 11 de agosto de 2008

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